
Los alumnos de 11° y 12° vivieron dos días intensos de retiro ignaciano, en los que no solo profundizaron en el Principio y Fundamento de sus vidas, sino que también se permitieron confrontarlo desde lo más íntimo de su ser, a través de un encuentro personal y silencioso con Jesús en la Eucaristía. Fue una experiencia transformadora que les ofreció la oportunidad de detenerse, mirar hacia dentro y descubrir el llamado profundo que Dios les hace a vivir con sentido, autenticidad y entrega. En el silencio, encontraron respuestas; en la presencia de Jesús, claridad y fuerza para continuar construyendo su camino con fe y propósito.



